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lunes, 6 de agosto de 2018

Walt Whitman: No te detengas

               
                  Walt Whitman (1819-1892) ha sido bautizado como el padre del verso libre, polémico y con una intensa vida a sus espaldas en la que trabajó como poeta, enfermero voluntario, ensayista, periodista y humanista estadounidense. La obra de este maestro de la lírica está inscrita en la transición entre el trascendentalismo y el realismo filosófico, incorporando ambos movimientos a su prolífica producción poética. Además de ser considerado uno de los escritores más influyentes del canon estadounidense, el autor sufrió censura y fue criticado en su tiempo por la abierta sexualidad que desprendían los contenidos de su libro Hojas de hierba, calificado como obsceno y pornográfico dentro de su época por contener referencias explícitas a la homosexualidad o bisexualidad del escritor. 
              Este escritor tiene una poderosa fe en si mismo, encarnando un espíritu vigoroso y agresivo y considerando los elementos cotidianos como una expresión de lo eterno. Entre sus versos se cuelan temas recurrentes como el hombre, el cuerpo, el sexo, la religión, los animales o la geografía. La actitud predominante en su obra es de euforia y alegría, emociones que traslucen sus poemas. Su vida y obra chocaron con la moral burguesa imperante en su tiempo, impregnada de puritanismo y censura, opresora hacia el diferente y el rebelde. Walt Whitman creía en la gente de la calle, le cantaba al populacho y a la democracia con versos libres cargados de energía, experimentación y elementos innovadores como las reiteraciones, la enumeración, los términos vulgares o las palabras extranjeras. Su objetivo era dar dignidad a todas las cosas, por lo que se opuso firmemente a medidas como la pena de muerte y problemas como la esclavitud. Sin él, la poesía moderna estaría huérfana y carente de vivacidad.

"No te detengas"
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …






viernes, 3 de agosto de 2018

Los dos príncipes

Por Iván Alberto Borrero Madan

Desde su lecho final un señor de 80 años divisa a través de la ventana la yunta de bueyes y evocó sus días gloriosos en que era otro animal abriendo surcos sobre las parcelas, todavía se siente la humedad de las coles, el polvo bermejo de la tierra que se le incrustó eternamente en las uñas; los perros, el cerdo, las gallinas parecen que han estado siempre, que son las mismas criaturas de hace 80 años; sin embargo su mujer ya no está, tiempo hace que no está, y era ella quien mejor esparcía el maíz en el suelo del patio, de milagro no se murieron los animales con ella; la ha evocado siempre con melancólica dulzura; a través de la ventana se ven las techumbres que alguna vez fueron de guano, el árbol de aguacate, el viejo cocotero, la montaña, siempre la montaña, y jamás necesitó saber qué habría más allá. Mira los rostros ya maduros de sus hijos y se pregunta: “cómo ha sucedido todo tan rápido”.

Otro señor de 80 años, también en su lecho final, sigue mirando el portarretrato donde sigue subiendo por las escaleras de un Boeing 747, y sigue reviviendo sus días por Europa, sus aficiones por los ríos; moribundo sigue revisitando los museos que le dejaron muestras permanentes en la memoria. Devoró tantos libros como pudo, despedazó su vista en la lectura, y aunque nunca fue Demócrates ni Borges, de un poco de ambos impulsos se apropió. Coleccionó fotografías, caracoles, sellos de correo, monedas del mundo; convirtió en credo y en verso cada mujer que amó, se embutió de todos los alcoholes posibles, del aguardiente infernal, del Whisky español, del Volka con sonido de río, y vinos con nombres pomposos de reyes; le estrechó la mano a poetas, alcaldes y cónsules, cenó en cafeterías de múltiples ciudades, ciudades sin asfalto, otras con rascacielos, y ahora en su lecho final como un lobo solitario musita: “todo pasó, debieran venir ya por mí”.


Walt Whitman: No te detengas

                                   Walt Whitman (1819-1892) ha sido bautizado como el padre del verso libre, polémico y con una intensa ...